Los estudiantes pueden usar ChatGPT en clases cuando su propósito sea apoyar el proceso de enseñanza - aprendizaje, como generar ideas iniciales, aclarar conceptos, orientar la búsqueda de información o fortalecer la comprensión de contenidos pero más no como una herramienta que permita pensar y hacer por ellos, es decir, sustituir su capacidad de análisis, pensamiento crítico y reflexión. En el contexto que me encuentro, al ser una Universidad con carácter intercultural y comunitario, esta herramienta ha permitido ser un instrumento complementario para adaptar explicaciones de fácil comprensión y de acceso al conocimiento, sin sustituir el pensamiento propio, ni el diálogo colectivo en y con las y los estudiantes.
Por el contrario, se ha trabajado en concientizar y sostener canales de socialización sobre la importancia del uso adecuado de ChatGPT, sin que esto implique sustituir el esfuerzo personal, copiar respuestas de forma literal o presentar como propio un trabajo que no ha sido elaborado de manera autónoma.
Tampoco es adecuado su uso en evaluaciones que buscan medir conocimientos, habilidades o reflexiones individuales, ni cuando se invisibiliza el conocimiento comunitario o se reproduce información descontextualizada. En estos casos, el uso acrítico de la IA puede afectar la ética académica y debilitar los procesos formativos desde la autonomía y el pensamiento crítico.